Por uso

Elige por lo que vas a hacer con ella

Antes de mirar capacidades conviene contestar a otra cosa: ¿dónde va a vivir esta estación? A la que espera en un armario a que se vaya la luz no se le pide lo mismo que a la que viaja en una furgoneta.

El error que más caro sale al comprar una estación de energía es empezar por el modelo. Miras una tabla, te quedas con la cifra más gorda y acabas cargando dos kilos de más o quedándote cuatrocientos vatios-hora corto. Empezar por el uso le da la vuelta al problema: te dice qué tres números tienes que mirar y cuáles puedes ignorar sin remordimiento. Porque son distintos en cada caso, y ahí es donde se tuerce la compra.

Los cuatro escenarios

En casa manda la capacidad, y muy de cerca la velocidad a la que el aparato conmuta cuando se va la luz. En carretera mandan el peso y cuánto sol traga al día. De acampada, la nevera y el panel. Y cuando el corte dura, lo único que cuenta es cuánta energía consigues meter de vuelta cada mañana. Cuatro escenarios, cuatro cuentas distintas — y ninguno se decide con los mismos números.

¿Aún no sabes cuánta batería te hace falta? Esa cuenta se hace antes que nada en cuántos vatios-hora necesito. Y si quieres saber de dónde sale cada cifra que usamos, está en cómo analizamos.