El error que más caro sale al comprar una estación de energía es empezar por el modelo. Miras una tabla, te quedas con la cifra más gorda y acabas cargando dos kilos de más o quedándote cuatrocientos vatios-hora corto. Empezar por el uso le da la vuelta al problema: te dice qué tres números tienes que mirar y cuáles puedes ignorar sin remordimiento. Porque son distintos en cada caso, y ahí es donde se tuerce la compra.
Los cinco escenarios
En casa manda la capacidad, y muy de cerca la velocidad a la que el aparato conmuta cuando se va la luz. En carretera mandan el peso y cuánto sol traga al día. De acampada, la nevera y el panel. Si trabajas lejos de un enchufe, cuántas veces te rellena el portátil. Y cuando el corte dura, lo único que cuenta es cuánta energía consigues meter de vuelta cada mañana. Cinco escenarios, cinco cuentas distintas — y ninguno se decide con los mismos números.
Casa y apagones
Qué quieres que siga encendido cuando se va la luz, y cuánta batería sale de esa respuesta. Con la fórmula a la vista y cinco modelos que encajan, del que solo salva el router al que aguanta la nevera.
Autocaravana y camper
Kilos, entrada solar y cuántas noches aguanta la nevera. Los tres números que deciden dentro de una furgoneta, y ninguno es el que miras en casa.
Camping
Lo que de verdad se come la batería es la nevera, y el panel que la repone casi nunca es el que te venden. La cuenta, con los dos números que importan.
Trabajar fuera
Cuántas veces te rellena el portátil cada talla, cuándo te basta con algo más pequeño y cuál es la única de las veintidós que puedes subir a un avión.
Respaldo largo
Cuando el corte dura días, la pregunta ya no es cuánta batería compras sino cuánta puedes reponer cada día. Ampliar o comprar grande, con números.
¿Aún no sabes cuánta batería te hace falta? Esa cuenta se hace antes que nada en cuántos vatios-hora necesito. Y si quieres saber de dónde sale cada cifra que usamos, está en cómo analizamos.